Vega Fértil – Conectando al consumidor con el campo a través de la agroecología

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VELILLA DE SAN ANTONIO – Durante la celebración del Día Mundial del Consumidor 2000 en la Comunidad de Madrid, tras el cambio de milenio, se presentó un estudio sobre tendencias de consumidores y consumo en el siglo XXI. Las conclusiones del trabajo de campo, en la sección de alimentación y consumo del hogar, estimaban, por un lado, una tendencia a la reducción de tiempo en la compra y de elaboración de la comida, y un aumento en la congelación de alimentos y en la adquisición de platos precocinados; Y por otro, una tendencia hacia una dieta más natural y saludable y un auge en el consumo de productos dietéticos, enriquecidos y de mayor calidad nutricional.

Los pronósticos de ese segundo escenario se han visto reflejados, en los últimos años, en un incremento de la producción agrícola ecológica en España. Teniendo en cuenta los datos más recientes de la agencia EUROSTAT sobre el porcentaje del área utilizada para cultivos ecológicos en relación al área agrícola total utilizada en el país, la superficie casi se ha triplicado, pasando de un 2.6% en el año 2002 a un 7.5% en el año 2011. Entre los 27 países de la Unión Europea (Croacia ingresó en 2013), España se encuentra en el noveno lugar, por encima de la media europea – 5.4% en el año 2011.

“Debería haber un apoyo institucional claro, evidente y fuerte a la producción ecológica […],” afirmaba Ignacio López Fullana, cofundador de Vega Fértil, durante nuestra entrevista. Con la idea de contribuir a fomentar el consumo de productos frescos saludables en la sociedad, hace aproximadamente cinco años, Ignacio y su compañera decidieron trasladarse al campo para emprender una iniciativa de producción agroecológica. Ambos ingenieros forestales de formación, convencidos de la importancia para la sociedad de retornar a sistemas de producción alimentaria locales y de calidad, más respetuosos con el medioambiente, crearon una finca agrícola en régimen de agricultura ecológica en el municipio de Velilla de San Antonio, situada en la vega del rio Jarama y próxima a las lagunas “El Raso” y “El Picón de los Conejos”. Utilizando técnicas más tradicionales, actualmente producen una amplia selección de frutas, verduras y hortalizas que comercializan en varios mercadillos de la región, en grupos de consumo y en la propia huerta.

Sin embargo, en contraposición con el auge en la demanda de productos ecológicos en el ámbito nacional, las conclusiones del primer escenario preocupan a agricultores como Ignacio. “Esta vida moderna […] lo que está trayendo es que las generaciones de ahora no cocinen ya. Esto va a ser una ruina para la salud de las generaciones actuales y futuras porque los alimentos envasados, precocinados, está ampliamente demostrado que no son saludables […].” Según el informe “Cincuenta años de alimentación en España,” publicado recientemente por la empresa mayorista Mercasa, en los últimos 30 años el valor de los alimentos comprados fuera del hogar para el posterior consumo en el mismo se ha reducido (78,4% to 67,8%, 1987-2015), mientras que el valor de los alimentos adquiridos y consumidos fuera – hostelería, restauración e instituciones – ha aumentado (21,6% in 1987 to 32,2% in 2015).

Una continuada reducción de la demanda de productos frescos por parte del consumidor final podría acelerar el proceso de despoblamiento del campo. La tendencia de las empresas fabricantes de alimentos procesados y precocinados a concentrar un creciente porcentaje de mercado va en detrimento del sector de la agricultura, mermado ya por los bajos precios y el desarrollo tecnológico, entre otros factores. Ante la perspectiva de una reducción del empleo agrícola podría suceder que, a medio-largo plazo, el abandono de las tierras, que en los últimos 50 años ha descendido aproximadamente un 50%, haga peligrar el relevo generacional. Aunque habría que tener en cuenta excepciones tales como la crisis económica que comenzó en 2008 y que propicio que el número de autónomos dedicados a la agricultura y la ganadería en España llegara a triplicarse.

A pesar de todo ello y para concluir, este tipo de iniciativas en agroecología contribuye a restaurar el vínculo histórico entre el productor y el consumidor, fragmentado con la llegada de la industrialización al sector de la agricultura. En Europa Occidental durante las décadas de los 60 y los 70, y en España en los 80, procesos de cambio como el viraje hacia un modo de producción agraria intensiva y la migración del campo a la ciudad, entre otros, dieron pie a la aparición de intermediarios (mayorista, distribuidor, etc.) en la cadena de suministro. Los productos frescos empezaron a pasar por varias manos antes de llegar a un consumidor final, que con el paso del tiempo fue perdiendo el rastro a los alimentos que precisaba. “El consumidor no es consciente en absoluto de qué hay detrás de un tomate, de un cartón de leche o de un queso,” afirmaba Ignacio. Proyectos emprendedores como Vega Fértil representan una reconexión del consumidor con el campo. Este “renacimiento” de la agricultura ecológica, que implica una cadena de suministro más local, trae consigo no solamente nuevas oportunidades de negocio, laborales e importantes beneficios para el medioambiente y la salud, sino que también constituye una acción de concienciación pública y de preservación de la sabiduría rural campesina.

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Cofundador de Vega Fértil Ignacio López Fullana posa con cultivos en su finca. Jesús Pérez/Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid.

¿Cuáles son las características fundamentales que definen su agricultura como ecológica? ¿Qué tipo de técnicas utilizan?

Ignacio López Fullana (Cofundador, Vega Fértil): A mí, la frase que más me gusta para describir que es la agricultura ecológica es “la agricultura que hacían nuestros abuelos y bisabuelos.” La agricultura que se ha hecho siempre, ancestralmente. Ante la dinámica de una agricultura tan basada en la aplicación de químicos, en la aplicación de técnicas más modernas, en la aplicación de variedades vegetales mucho mas modificadas genéticamente, nosotros hacemos una agricultura mas basada en la tradición, el empleo de abonos orgánicos, el empleo de otro tipo de técnicas para combatir las plagas o directamente la lucha biológica integrada.

¿Cuáles son las razones fundamentales por las cuales el beneficio económico de la agricultura es reducido?

Ignacio: Hay varios factores. Por una parte, los precios agrícolas, los precios del sector agroalimentario están bajos, en general, fluctúan. Hay veces que de pronto suben, pero están bajos. Aquí hay un fenómeno curioso que habría que analizar. Si vemos la estadística de cuál es la renta que las familias dedicaban a comprar alimentos y si vemos la provisión histórica, vemos que cada vez las familias han dedicado menos porcentaje de su renta disponible a la alimentación y mas a otras cosas, con el desarrollo, la sociedad moderna y el boom económico. Todo esto vino ya después de la Segunda Guerra Mundial, sobre todo a partir de los 60, y ocurrió que las familias fueron dedicando su renta disponible más a ocio, un vehículo nuevo, tecnología, vacaciones y menos a la alimentación. Mientras que en el siglo XIX, muchas familias de clase media-baja, media, dedicaban un porcentaje muy alto a comprar alimentos. Entonces, lo que le transmito a mis clientes cuando me dicen que el producto es un poco caro es que el coste de producción que tiene depende de la mano de obra, maquinaria, semilla y demás. Y para que al agricultor le resulte interesante y rentable, tendría que tener tal precio en el mercado.

Luego también hay que tener en cuenta la cadena de intermediarios. Se ha creado un mundo de negocio en torno a la agricultura. Cuando uno lo analiza, se da cuenta de que los que viven alrededor del agricultor viven mucho mejor que él: el que es el comercial, el representante o el fabricante de los abonos, el de la casa de tractores, el de la casa de regadíos, tuberías, válvulas y sistemas de regadío. Entonces, te das cuenta de que los que viven alrededor de él te están intentando vender cosas y el agricultor venga a gastar dinero en un producto, en un tractor nuevo y cuando hacemos balance de cuanto has metido ahí para producir dos kilos de cebada o de tomates, dices, ¿qué le ha quedado limpio al agricultor? Muchas veces prácticamente nada.

Si la agricultura se sigue sosteniendo en Europa y, en general, en Occidente es por los fuertes subsidios y ayudas que hay. Ahora mismo estamos en un momento que yo calificaría como preocupante porque no hay un relevo generacional en España. La mayoría de agricultores están a punto de jubilarse, son gente mayor de zonas rurales. El campo se está despoblando cada vez mas, de forma paulatina, y el problema es que no va a haber un relevo. En la próxima década, dos décadas, va a haber todavía más despoblamiento rural y no va a haber un relevo generacional en la agricultura, porque no está de moda, no es cool, son los paletos del pueblo, esos pobres desgraciados que están ahí en el pueblo todo el día trabajando. Y entonces la gente joven ha visto como sus padres han sufrido, han ganado muy poco dinero. Huyen de esa profesión. El mayor problema es ese, los precios agrícolas no reflejan el valor real del alimento y todavía más están viciados por unos subsidios y subvenciones.

En una entrevista de 2014 sobre la nueva PAC (Política Agrícola Común) el presidente regional de ASAJA (Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores), Donacio Dujo, declaro que “[…] no se ha trabajado sobre precios dignos, costes asequibles, no se ha abierto mercado de productos europeos a fuera, pero se dejan entrar productos de fuera sin las mismas normas que se aplican a los productos domésticos.” ¿Qué opina de este problema? ¿De qué forma beneficiaria al sector de la agricultura ecológica trabajar sobre este asunto?

Ignacio: Si, desde luego, debería haber un apoyo institucional claro, evidente y fuerte a la producción ecológica por varios factores. Primero, porque cada vez hay más estudios científicos que demuestran que toda la química que se usa en la agricultura moderna tiene efectos secundarios bastante graves, cada vez muere más gente por cáncer, cada vez hay más alergias. En segundo lugar, la agricultura ecológica genera un bienestar a la sociedad en cuanto a que mucha gente que enferma, que tiene problemas de salud, cuando empieza a consumir productos ecológicos, hace un cambio de dieta, consume más producto fresco y, sobre todo ecológico, se han observado cambios de salud evidentes. En tercer lugar, la agricultura ecológica genera un bienestar en el entorno en el cual se desarrolla, los ecosistemas. Los agricultores que trabajan en agricultura ecológica no están expuestos a todos los químicos de la agricultura en la que se aplican y fumigan productos nocivos. Todos los abonos químicos se filtran al final a los ríos, provocan eutrofización. Es claramente interesante apoyar a este tipo de agricultura, potenciarla y promocionarla en la sociedad, que realmente haya una conciencia de lo que nos estamos comiendo.

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Fotografía cortesía de Vega Fertil.

¿Qué opinión tiene sobre sistemas de cultivo de alimentos como la hidroponía como posible solución alternativa a la evacuación del campo?

Ignacio: Si, desde luego, la agricultura urbana está en auge. Los cultivos mas tecnificados bajo sustratos hidropónicos también. Interesante es, desde luego, que se produzcan alimentos lo mas local posible, que se reduzca el transporte.

Si como dice, no habrá un relevo generacional, ¿se tendrá que importar comida de otros países que hoy se produce aquí?

Ignacio: Desde luego. Estamos en la franja mediterránea, que es una franja muy sensible al cambio climático y dios sabe cuánto tiempo más vamos a poder seguir produciendo alimentos con cierta soltura, cierta alegría. Ya se está notando, hay que cambios en el clima, hay variaciones que te vuelven locas las plantas, las cosechas, y es algo preocupante, desde luego. Que haya realmente un movimiento agrícola urbano y demás lo considero interesante, pero yo considero casi más interesante que haya estrategias y planes a nivel nacional, regional de potenciar y de fomentar la emigración de la ciudad al campo. La ciudad, a día de hoy, con esta crisis financiera, que ya llevamos una década, que ha provocado un paro galopante, una degradación del mercado laboral tremenda también – los sueldos y sobre todo las condiciones de trabajo – está llena de gente desesperada que quiere trabajar, que no sabe qué hacer con su vida y el campo se está vaciando cada vez mas. Entonces, tendría que haber realmente una estrategia, primero, de dignificar y promocionar el mundo rural, un mundo muy bonito, muy digno, se puede vivir muy bien también en el campo, se puede ser muy feliz y, normalmente, más que en la ciudad. Creo que es fundamental que haya unas estrategias a nivel nacional y europeo de vuelta de la ciudad al campo. Que se potencie, que se llene de gente joven, que el campo se repueble, porque sería una forma de acabar con las listas del paro bastante efectivas.

Entre vuestros puntos de venta se encuentran mercados locales, grupos de consumo y tiendas especializadas. ¿Son esos los puntos de venta que más se corresponden con el producto ecológico? ¿Qué criterio seguís para seleccionarlos?

Ignacio: Este es un tema complicado. La comercialización de los productos agrícolas está muy ligada al tamaño de explotación del agricultor, como seas de grande y que logística y estructura tengas. Digamos que hay dos tipos de agricultor, hay varios pero bueno. El agricultor grande normalmente suele centrarse en producir uno o dos productos, se especializa en producir cebolla, patata, y lo vende todo al por mayor, pues a una central de distribución, cooperativa, Carrefour, Mercadona. Y luego cuando un agricultor no tiene, digamos, esa capacidad en forma de maquinaria, de extensión de tierra, de almacenaje, pues al ser pequeño, eso le impone tener que ir a un mercado más local y tener que tener una producción variada para poder ir a un cliente particular, a un mercadillo.

Nosotros, cuando empezamos, empezamos vendiendo a clientes particulares, alguna tiendecita. Hemos ido poco a poco, creciendo con los años y, a día de hoy, ya vendemos a eco-tiendas, a algún supermercado ecológico, a grupos de consumo en mercadillos y a mayoristas en el mercado central de Madrid.

El agricultor está en manos de a quien le va a vender la cosecha. Cuando un agricultor produce solo cebolla y trigo está un poco vendido. Sin embargo, yo ahora mismo vendo a Mercamadrid y tengo unos clientes allí que son distribuidores mayoristas, vendo a tiendas y vendo también a particulares. Si algún día, es una cosa muy habitual, el distribuidor se empeña en empezar a bajar el precio, apretar las tuercas, pues digamos que yo tengo mi otra salida de clientes. ¿Cuáles son las ventajas e inconvenientes de cada uno de los canales? Ninguno es muy bueno ni muy malo. Yo lo que recomiendo son sistemas mixtos, que el agricultor tenga salidas variadas para no estar en manos solo de uno, que le puede bajar y subir el precio cuando quiera. Y la clave estaría en unas relaciones sanas entre el intermediario y el agricultor. Que no sea lo que ocurre actualmente, que es que los agricultores viven muy justos, con unas condiciones económicas generalmente bastante precarias.

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Fotografía cortesía de Vega Fertil.

El despilfarro alimentario es el tema central de mi proyecto. ¿Cuánto porcentaje de la cosecha, de media, no llega al distribuidor, a su punto de venta o al cliente? ¿Cómo lo utilizáis?

Ignacio: Nosotros podemos tener unos excedentes medios, igual del 10-15%, incluso tirando hasta el 20%, que por razones variadas pues se quedan en la tierra. Eso ocurre mucho, se vende lo que se puede, a veces el agricultor planta mucho porque tiene la ilusión de sacar una buena cosecha y venderla. Muchas veces, todo depende básicamente de cómo venga el año. Por ejemplo, hace dos años hubo cosecha de patata mala en general, los precios subieron bastante. Entonces ese año no hubo excedentes. Te pongo el caso de la cebada, si hay un año que las cosechas de Argentina, de Asia y de África han sido buenísimas, inunda un poco los mercados del hemisferio norte a precios muy bajos y muchos campos de cereal se quedan directamente tal cual sin cosechar, sin segar y sin hacer nada. Si tenemos suerte que las cosechas, como ya estamos en un mundo muy global, en esas regiones han ido mal pues aquí en Europa los precios suben y a lo mejor se vende toda la cosecha. Depende de esos factores.

Ocurre muchas veces que con la calabaza o el melón, que son cultivos típicos, con la patata también, con la cebolla, que si hay un año que hay mucha cantidad, los precios bajan mucho. Hay una presión muy fuerte por parte de los distribuidores de los precios a la baja. Al agricultor le cuestan más dinero lo que son los jornales. Es decir, ya no solo contando el coste de comprar el plantón o la semilla de cebolla, la maquinaria de ararlo, la mano de obra de plantarlo, el regadío, el abono y demás. Esos costes los quitamos. Solo el coste de pagar a los señores que le van a quitar la cebolla y mandarla a Madrid ya le cuesta más dinero de lo que le van a pagar por kilo por la cebolla. Entonces, se quedan muchas cosechas ahí por motivo de los bajos precios agrícolas.

A parte de la existencia de organizaciones como la FESBAL (Federación de Bancos de Alimentos de España), desde el punto de vista del productor ¿qué otro tipo de redes de redistribución de excedentes alimentarios podrían ayudar a reducir el despilfarro alimentario?

Ignacio: Lo que haría falta es generar una dinámica social bien organizada para que esas cosechas nunca se perdieran. Que ocurre, que muchas veces el producto está en la tierra pero hay que cosecharlo y para cosecharlo, o bien hace falta maquinaria y el agricultor esta ya arruinado porque ese año se ha dedicado a meter dinero en semilla, en regadíos. Al final, la cosecha le ha salido mal o los precios se han hundido y no va a poder sacarla, y no tiene ganas ni de gastarse un duro en un tractor para que venga una asociación, un banco de alimentos a entrar por los surcos recogiendo la patata o lo que haya.

Yo, el mayor problema que he tenido, porque la verdad es que tengo bastantes experiencias de intentar que viniera gente a buscar los excedentes, es que para cosechar hace falta personal especializado, experiencia y un poco de formación (como cortar una lechuga sin romperme a mí la tubería de riego, etc.). La clave es que el agricultor anda ya muy atareado y con una carga de trabajo muy fuerte. Entonces, sería generar una dinámica social a nivel también de administración, un apoyo de la administración, para que aquellas cosechas las pudiera recoger mismamente el banco de alimentos, la asociación o quien fuera. Que al agricultor, después ya del cabreo que se le va a quedar esa cosecha ahí, no le costara nada. El mayor problema es ese, que el producto cosecharlo tiene un coste también, un esfuerzo y conlleva una logística, una organización, una estructura. Entonces, muchas veces, los Bancos de Alimentos son unas familias del barrio que se juntan, que no tienen, a lo mejor, la logística organizativa ni las ganas para irse hasta una zona rural a pegarse la paliza de recoger patatas, traerse sus sacos y llevárselas.

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Fotografía cortesía de Vega Fertil.

Existe una gran desconexión entre el consumidor final y la comida que compra. Desde el punto de vista del productor, ¿cuáles son las razones a las que eso se debe?

Ignacio: Hay una desvinculación total del campo con la ciudad. Esto es un hecho y una pena. A mí me da entre risa y pena cuando ves a un chaval pequeño que te dice o piensa que la leche sale de una maquina, que el tomate sale de una maquina, que no ha visto nunca una huerta, como ordeñan una vaca, como se maneja al animal. Y desde luego el consumidor no es consciente de como se está perdiendo la cultura rural, la sabiduría campesina, pues ya no es consciente en absoluto de que hay detrás de un tomate, de un cartón de leche o de un queso.

A mí me ha pasado muchas veces, intento generar dinámica aquí en la finca con los consumidores míos y con gente. Que vengan aquí algún día a trabajar, que vean lo que es un kilo de tomates, un kilo de patatas o lo que conlleva. Cuando están aquí una mañana y se van a casa destrozados, con picaduras de mosquito y con agujetas están luego varios días pues ellos me reconocen, “ahora ya entiendo cuánto vale un kilo de tomates.”

Hay una brecha clara entre el valor real de la comida, del agua, y el valor económico que, por ejemplo, le otorga un supermercado o un restaurante.

Ignacio: Esta vida moderna en la que nos hemos embarcado todos, lo que está trayendo es que las generaciones de ahora no cocinen ya. Esto va a ser una ruina para la salud de las generaciones actuales y futuras porque los alimentos envasados, precocinados, está ampliamente demostrado que no son saludables, son peligrosos de hecho. Y lo peor de eso es que ya los agricultores tenemos más complicado vender nuestra verdura, hortaliza, producto fresco, directamente al consumidor, porque el consumidor ya no quiere producto fresco. Cada vez hay más gente joven que ya ni come fruta y verdura, solo come envasados, productos congelados. Entonces, eso puede acabar desembocando en que el campo al final solo acabe vendiendo a industrias de procesado alimentario y a mayoristas. Y es una lástima que la gente joven pierda el gusto por cocinarse sus cosas ricas en casa, con producto fresco recién recogido.

Yo desde luego creo que habría que dar un apoyo al sector rural y al campo, ponerlo en valor, que no sea una profesión tan poco valorada. Realmente, la gente no se da cuenta que somos los que estamos dando de comer. Hay un estudio que se hizo en Estados Unidos por un economista, muy acertado bajo mi punto de vista, que la conclusión a la que llegaba era que el sector agropecuario y agroalimentario en Norteamérica solo supone el 3% del PIB, pero es fundamental, la base de la cadena, para que todo lo demás funcione. Si cada vez estamos degradando más ese sector y dejándolo, el siguiente paso es que en el campo ya no va a haber gente. Ahora los tractores ya van automáticos, una de las pocas profesiones que quedaban en el campo era tractorista. Y dentro de poco lo van a dirigir todo desde una ciudad, desde una oficina, van a poner una nave con unos tractores que van a salir solos, van a arar y el campo va a estar despoblado, se va a perder toda la vida rural, la cultura campesina y demás.

Creo que entonces el sector rural somos la base de una sociedad y una parte fundamental, una infraestructura de interés primordial para un país, como puede ser el suministro de agua o el suministro eléctrico a día de hoy. Y realmente si no hay un apoyo y una puesta en valor, sobre todo una apuesta de relevo generacional y de repoblamiento del campo, vamos a tener problemas cada vez más graves desde luego.

El rol que juega el sistema educativo es muy importante. Quizás deberían crearse cursos dirigidos a explicar el valor de la vida campesina y la agricultura, como parte del currículo escolar, para impartirse en las aulas con el objetivo de que esos niños crezcan ya con esa información, puedan tomar decisiones en cuanto a su alimentación beneficiosas para el sector de la agricultura y que en el futuro puedan transmitir ese conocimiento a futuras generaciones.

Ignacio: Habría que potenciar enormemente la cultura de la alimentación, de la nutrición, o sea que es una buena alimentación y que no, que yo creo que está muy equivocada la sociedad y cada vez vamos a una forma de comer menos saludable. Que se haga promoción del campo, se difunda, se potencie y se ponga en valor, que esta gente que vive en el campo es la que nos da de comer y llevamos ya unas cuantas décadas conforme nos hemos ido haciendo más modernos y mas tecnológicos maltratando el campo, maltratando a la gente del campo y en fin, ya no se a que queremos llegar con esto. Pero yo creo que vamos muy mal enfocados. Y yo hablo desde la visión de un ex-urbanita, con formación universitaria, que ha trabajado en la oficina diez años y ahora llevo ya unos cuantos años en el campo. Y te das cuenta que el campo te enseña muchas cosas y sobre todo no te hace perder la perspectiva y te das cuenta como en la ciudad, desde mi punto de vista, se ha perdido un poco la referencia, las perspectivas de todo.

One thought on “Vega Fértil – Conectando al consumidor con el campo a través de la agroecología

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